¿Puede el dólar dominar un sistema financiero que Estados Unidos ya no controle? 

Las stablecoins están llevando el dólar a lugares donde la banca tradicional nunca llegó. Al mismo tiempo, China, Rusia y otros países están construyendo sistemas de pago que buscan reducir la capacidad de Washington de controlar cómo se mueve el dinero en el mundo. 

Cuando comencé a leer sobre Bitcoin y la tecnología blockchain, una de las ideas que más me llamó la atención era la amenaza que podían representar para el sistema financiero tradicional. 

Por primera vez parecía posible transferir valor entre dos personas, en diferentes países, sin utilizar necesariamente un banco, un corresponsal o incluso la infraestructura financiera que durante décadas había dominado los pagos internacionales. 

Muchos imaginaron entonces un futuro en el que las criptomonedas terminarían debilitando a las monedas tradicionales y, particularmente, al dólar. 

Casi dos décadas después está ocurriendo algo bastante diferente. 

Bitcoin se convirtió en un importante activo financiero, pero no en la moneda dominante del comercio internacional. La verdadera transformación de los pagos está llegando principalmente a través de las stablecoins, y especialmente de USDT y USDC. 

Y aquí aparece algo que pocos anticiparon: la tecnología que parecía destinada a competir con el dólar puede terminar convirtiéndose en uno de sus principales vehículos de expansión. 

Según el Bank for International Settlements, alrededor del 98% del valor de las stablecoins está denominado en dólares. El BIS ya estudia lo que denomina “stablecoin dollarisation”: ciudadanos y empresas que utilizan monedas digitales para acceder al dólar con una facilidad que antes no existía. 

Además, detrás de las principales stablecoins existen reservas compuestas en buena medida por activos líquidos denominados en dólares, incluyendo bonos del Tesoro estadounidense. 

El mecanismo termina siendo sencillo: una persona vende moneda local para comprar USDT o USDC; obtiene una representación digital del dólar; y el emisor de esa stablecoin mantiene activos que respaldan esos tokens. 

La revolución crypto, que originalmente pretendía disminuir la importancia de las monedas emitidas por los gobiernos, está ayudando indirectamente a crear una nueva demanda mundial de dólares y de activos financieros estadounidenses. 

Blockchain no eliminó al dólar. Lo convirtió en software

Hoy un dólar digital puede ser adquirido en América Latina, África o Asia, mantenerse en un teléfono móvil y transferirse prácticamente de manera inmediata a otra parte del mundo, incluso durante un fin de semana. 

La importancia de esto no debería subestimarse. Más del 70% de las conversiones entre monedas fiat y stablecoins analizadas recientemente por el BIS se originaron en monedas distintas al dólar. Es decir, está apareciendo un enorme mercado cambiario digital paralelo mediante el cual ciudadanos y empresas acceden directamente a exposición en dólares. 

También está cambiando otro concepto que acompañó a las criptomonedas desde sus primeros años: la idea del anonimato. 

El efectivo físico puede pasar de una persona a otra prácticamente sin dejar rastro. Una operación realizada sobre una blockchain pública permanece registrada. 

Hoy herramientas especializadas de blockchain analytics pueden reconstruir movimientos entre wallets, detectar exposiciones a determinadas direcciones y añadir una nueva capa de monitoreo a los tradicionales sistemas de KYC y prevención de lavado de dinero. 

Esto no significa que las criptomonedas no puedan utilizarse para actividades ilícitas. Pueden y efectivamente ocurre. Pero una blockchain pública también crea una huella digital que el cash simplemente no posee. 

La transformación tecnológica, por lo tanto, no tiene por qué significar menos compliance. Bien utilizada puede significar más trazabilidad. 

Sin embargo, la misma tecnología permite otra posibilidad que merece atención. 

No todas las blockchains tienen que ser públicas. 

Un grupo de bancos, empresas o incluso países podría operar mediante redes privadas o “permissioned blockchains”, donde solamente los participantes autorizados tienen acceso a determinada información del ledger.

Este tipo de tecnología ya existe y se utiliza precisamente cuando sus miembros necesitan privacidad, control de acceso y confidencialidad. 

Esto no hace desaparecer las leyes ni las sanciones internacionales. Pero sí plantea una cuestión estratégica importante: si determinadas transacciones pueden realizarse dentro de redes cerradas, entre instituciones que no utilizan bancos estadounidenses, corresponsales occidentales o infraestructuras públicas, la capacidad externa para observarlas o bloquearlas puede reducirse considerablemente. 

Y ahí comenzamos a entrar en el verdadero problema para Estados Unidos. 

El poder del dólar no proviene solamente de la moneda. Proviene del sistema construido alrededor de ella. 

Los bancos estadounidenses, el mercado de Treasury securities, la banca corresponsal, el clearing en dólares y el acceso a los mercados financieros de Estados Unidos constituyen una infraestructura que otorga a Washington una capacidad extraordinaria para imponer sanciones económicas. 

Precisamente porque todo el mundo necesita acceder al sistema, la amenaza de ser excluido de él resulta tan poderosa. 

Pero cada utilización de ese poder genera también un incentivo para desarrollar alternativas. 

Rusia es probablemente el ejemplo más evidente. Después de años de sanciones ha desarrollado mecanismos de pagos internacionales que utilizan monedas locales, activos digitales, oro y canales financieros no occidentales.

La plataforma rusa A7, creada para facilitar pagos internacionales, procesa operaciones principalmente con Asia y utiliza una infraestructura específicamente diseñada para continuar funcionando bajo sanciones. 

Irán lleva años buscando mecanismos parecidos. Parte de su petróleo vendido a China se liquida en yuanes y Washington está ampliando nuevamente las amenazas de sanciones secundarias contra empresas e instituciones extranjeras que faciliten determinadas operaciones iraníes. 

Corea del Norte, Cuba y Nicaragua tienen capacidades económicas muy diferentes, pero el incentivo es similar: encontrar relaciones comerciales y mecanismos financieros que disminuyan su exposición directa al sistema estadounidense. 

No significa que estos países hayan construido colectivamente un nuevo sistema financiero capaz de reemplazar al existente. 

Pero sí significa que cada sanción aumenta el valor económico de construirlo. 

El país verdaderamente importante en esta discusión, sin embargo, es China. 

China posee algo que Rusia, Irán o Corea del Norte no tienen: escala económica. 

No necesita lograr que el renminbi sustituya al dólar para alterar gradualmente el equilibrio financiero mundial.

Le bastaría con conseguir que una proporción creciente del comercio entre China y sus principales socios pueda liquidarse sin necesidad de utilizar la infraestructura controlada por Estados Unidos. 

China lleva años construyendo esas piezas. 

Está promoviendo el uso internacional del renminbi, desarrollando el yuan digital y expandiendo CIPS, su sistema de pagos interbancarios transfronterizos.

A junio de 2026, CIPS contaba ya con 210 participantes directos y 1.619 indirectos. 

El objetivo no tiene que ser destronar al dólar mañana. 

Puede ser simplemente aumentar las opciones. Porque mientras más alternativas existan, menor será el costo de perder acceso a una de ellas. 

Y esta tendencia no se limita a países adversarios de Estados Unidos. 

Los recientes conflictos comerciales entre Washington y Canadá son un ejemplo interesante.

Canadá continúa profundamente integrado con la economía norteamericana, pero el fuerte deterioro de las relaciones comerciales está aumentando los incentivos para buscar otros mercados y otras alianzas. 

China observa cuidadosamente este tipo de situaciones. 

Cada conflicto entre Estados Unidos y uno de sus socios tradicionales abre una oportunidad para Beijing de ofrecer comercio, inversión, financiamiento o simplemente diversificación. 

Aquí puede estar uno de los mayores riesgos de la estrategia norteamericana. 

El acceso al mercado estadounidense y al dólar proporciona un enorme poder de negociación.

Pero si ese poder se utiliza con demasiada frecuencia, incluso países amigos pueden concluir que depender excesivamente de una sola infraestructura representa un riesgo estratégico. 

Esto nos lleva a una distinción fundamental: 

Desdolarización no es necesariamente lo mismo que desamericanización. 

Una empresa china puede querer mantener dólares pero no necesariamente procesarlos a través de un banco estadounidense. 

Un ciudadano latinoamericano puede comprar USDT y dolarizar digitalmente sus ahorros mientras su gobierno busca realizar mayor comercio bilateral en yuanes. 

Un país puede utilizar dólares como reserva de valor y al mismo tiempo desarrollar sistemas de pago capaces de operar fuera de la infraestructura financiera norteamericana. 

Por eso podríamos estar avanzando hacia un mundo aparentemente contradictorio: menos dependiente de los mecanismos financieros controlados por Estados Unidos, pero todavía profundamente dependiente del dólar. 

Los gobiernos construyen CIPS, CBDCs, sistemas de pagos regionales, monedas locales y eventualmente redes privadas de blockchain. 

Mientras tanto, el sector privado construye USDT, USDC, wallets y nuevas plataformas que permiten mover dólares alrededor del planeta con una facilidad nunca antes vista. 

Quizás entonces hemos estado formulando mal la pregunta. 

No se trata solamente de saber si China conseguirá reemplazar al dólar con el renminbi. 

Tampoco de saber si las criptomonedas destruirán la banca tradicional. 

La pregunta realmente importante puede ser otra: 

¿Puede el dólar continuar siendo la moneda dominante del mundo mientras Estados Unidos pierde progresivamente el control exclusivo sobre las redes por las que ese dólar circula? 

Es perfectamente posible que así sea. 

Y si ocurre, habremos llegado a un resultado que pocos imaginaban cuando apareció Bitcoin: un sistema financiero menos controlado por Estados Unidos, pero posiblemente más dolarizado que nunca. 

Fuentes principales 

BIS: stablecoin dollarisation  •  BIS: stablecoin FX conversions  •  IBM Research: private blockchains  •  Reuters: Rusia/A7 

Reuters: sanciones secundarias/Irán  •  CIPS: participantes  •  Reuters: disputa arancelaria EE.UU.-Canadá 

Acerca de Ibrahim Velutini Sosa

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